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Misión de coordinación

Del 17 de noviembre al 7 de diciembre de 2018 Amandine (vicepresidenta) y Christine (presidenta), estuvimos en Cusco para reunirnos con los colaboradores de las estructuras educativas a las que acompañamos hoy en día, así como con las familias y los niños beneficiarios de las actividades apoyadas por Los Chicos de Cusco.

Nuestros objetivos:

  • Elaborar un balance de los proyectos realizados en el 2018 con los responsables y el equipo pedagógico de cada estructura: hacer un listado de las experiencias positivas y de las dificultades encontradas, examinar la contabilidad.
  • Evaluar las necesidades materiales, estructurales, pedagógicas y financieras para 2019 a fin de establecer las grandes líneas de los presupuestos estimados de 2019.
  • Analizar el apadrinamiento individual con Marlene Zereceda Vargas, coordinadora del programa y encontrarnos con los apadrinados(as) y sus familias (organización de guardias, seguimiento de la escolarización, verificación de los gastos, distribución y recepción de correos).
  • Poner en marcha los apadrinamientos de clase, y las colaboraciones asociativas y escolares: presentar los proyectos a los profesores(as), recoger material (fotos, vídeos, escritos, dibujos), iniciar los intercambios.
  • Ir al encuentro de las comunidades de los barrios en los que intervenimos y estimar las necesidades prioritarias para futuros proyectos.

Tres semanas en Cusco, es realmente poco tiempo. Sobre todo, si, más allá del proceso riguroso establecido para alcanzar los objetivos fijados, esperamos vivir verdaderos encuentros, encontrar el tiempo de la confianza y la reciprocidad… Lo cual no es tan sencillo cuando se está implicado en una relación de ayuda.

A parte de las reuniones de trabajo, de las asambleas formales con los padres de alumnos, de las discusiones animadas y a veces inquietas con los y las referentes de las estructuras (¿cómo conseguir cerrar el presupuesto de 2018? ¿Qué prioridades para el 2019? ¿Cómo llegar hasta las familias más pobres?), hemos vivido momentos intensos, encuentros singulares y desconcertantes que aún hoy nos dan que pensar…

Tenemos…

los chicos de cuso

El reconocimiento y la gratitud de los padres que nos abrazan, es un poco molesto… No somos heroínas… Un vínculo tenue se crea con las madres y con los alumnos que nos acogen cada vez a la puerta de la escuela con alegría.

La sonrisa de Daniela (una de las primeras alumnas de ASVIN), quien cuida a su madre, a sus hermanos y hermanas y trabaja en el mercado a la espera de ingresar en una escuela de gestión y administración. Daniela, ¡que sabe lo que quiere y que lo conseguirá!

La generosidad de Leonarda (madre de Jairo, alumno de ASVIN) quien nos guía con un hijo sobre la espalda y el otro corriendo a su lado, en las alturas de Pillao Matao y Altivacana en la búsqueda de los(as) grandes apadrinados(as) que no conseguimos encontrar en nuestras misiones anteriores. Una tarde llena de aventuras: caminar por terreno difícil, enfrentarse a los perros amenazantes, perderse, buscar en vano casas en un barrio en plena transformación y emoción al ver que por fin las casas y las puertas de las casas se entreabren. Llega el momento de intercambiar con los apadrinados(as) y sus familias. Aquel día terminamos la vuelta al anochecer, rodeadas por las madres y los niños a quien la aventura divierte.

Y también la espontaneidad de las mujeres de la comunidad «Lucero de la mañana» quienes nos llevan alegre y orgullosamente a visitar su barrio y su hogar a 30 min de camino de Asvin en el monte. Camino recorrido cada día por los niños y sus padres para ir a la escuela. Allí, en algunos lugares, no hay agua corriente ni electricidad.

La gran pobreza de la comunidad San Pedro, más arriba de Huchuy Yachaq, cuyas familias se instalaron sobre terrenos empinados, fangosos, difícilmente accesibles y muy peligrosos. Y las preguntas que nos obsesionan: ¿Por qué tantas desigualdades? ¿Cómo se puede vivir en tales condiciones? ¿Cómo conseguirán salir adelante estas familias?

Las confidencias de mujeres sobre su vida cotidiana marcada por violencias conyugales que nos dejan impotentes.

Y esos instantes en los que observamos a los alumnos tomar gusto a aprender, a aplicarse en sus ejercicios de escritura, a participar en las actividades, a divertirse con sus compañeros en los recreos. Nos decimos que la energía desplegada desde Francia para concretizar como buenamente se pueda los proyectos, contribuye en pequeña escala a hacer mover las cosas.

Y si la tentación de «¿para qué?» nos acecha a veces en Francia, la experiencia en el terreno nos devuelve la pregunta «¿Cómo se hace para continuar a apoyar el desarrollo de estas estructuras educativas?», una misión como una evidencia….

Christine Voisin, Amandine Le Moan



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